Una veintena de profesionales de la salud y profesores universitarios abogan en un nuevo informe por una reforma en profundidad de la formación de los médicos y otros profesionales del sector que se adecúe a las necesidades del siglo XXI.
El informe de la Comisión Lancet, por la revista médica que lo auspicia, ha sido elaborado por el mexicano Julio Frenk, actualmente decano de la Harvard School of Public Health, de Boston, Estados Unidos, y el doctor Lincoln Chen, del China Medical Board, Cambridge (Massachusetts, ETTI) y otros colegas.
En todo el mundo, un total de 2.240 facultades de medicina, 467 escuelas o departamentos de salud pública y un número indefinido de otros centros, forman anualmente a un millón de nuevos médicos, enfermeros, comadronas y otros profesionales, pero una buena parte de los 7.000 millones de habitantes del planeta padecen condiciones sanitarias como las de hace un siglo, señala la Comisión.
Los problemas, explican, son “sistémicos”: desajuste entre las competencias de los profesionales con las necesidades del paciente o de la población, escaso trabajo en equipo, persistente estratificación por sexo del estatus profesional, excesiva especialización técnica, orientación predominante hacia los cuidados hospitalarios en detrimento de los primarios, entre otros.
Según la Comisión, muchos de los esfuerzos llevados a cabo para corregir esas deficiencias han fracasado por el “tribalismo profesional”: la tendencia de las distintas profesiones médicas a actuar aisladas cuando no en abierta competencia unas con otras”.
Los autores del informe sugieren una serie de reformas tanto en la formación de los médicos como de tipo institucional, destinadas, las primeras, a generar un cuerpo estudiantil diverso con un currículo basado en las competencias y que prepare a los estudiantes a trabajar en equipo.
En cuanto a las institucionales, se recomienda aunar esfuerzos nacionales mediante la planificación conjunta, especialmente en los sectores de la educación y la salud, llevar a las distintas comunidades los centros de aprendizaje y desarrollar redes globales de colaboración.
La Comisión propone adoptar currículos basados en las competencias y que respondan a unas circunstancias que cambian rápidamente en lugar de estar dominados por asignaturas estáticas y señala que las competencias deberían adaptarse además a los contextos locales.
Otra sugerencia es fomentar la educación interprofesional y transprofesional que elimine las barreras entre las distintas profesiones y especialidades y potencien las relaciones de colaboración y “no jerárquicas” en los equipos de salud.
También se recomienda aprovechar al máximo las ventajas de la tecnología de la información para el aprendizaje mediante la recogida de datos y análisis, los simulacros y pruebas, la formación a distancia y la cooperación en la red.
Por lo que se refiere a las necesarias reformas institucionales, los autores del estudio hablan de establecer mecanismos de planificación conjunta en cada país en los que participen los ministros de educación y de sanidad, las asociaciones profesionales y la comunidad académica que permitan superar la actual fragmentación, fijar prioridades y armonizar la oferta y demanda de profesionales de la salud.
A medida que aumente la proporción de mujeres entre los trabajadores de la salud, habrá que garantizar, dice la Comisión, la igualdad de oportunidades mediante acuerdos laborales más flexibles, la posibilidad de suspensiones temporales de la actividad laboral y el apoyo a otros roles sociales de la mujer como es el cuidado de sus hijos.
La Comisión critica, por otro lado, que sólo un 2 por ciento del gasto total mundial en sanidad -unos 5,5 billones de dólares- se dedique a la formación de los profesionales, lo que, según aquélla, “es no sólo insuficiente, sino poco sensato”.




